Rodillos Faciales y Masajeadores Corporales

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Rodillos faciales tallados en jade, cuarzo, obsidiana y sodalita: piedra fría sobre la piel, una pausa por la mañana o antes de dormir. La práctica procede del cuidado facial tradicional chino, donde se creía que los rodillos favorecían la circulación y ayudaban a que los sérums se absorbieran. Hoy sigue siendo un ritual sencillo y reconfortante: unas pasadas lentas por el rostro, siguiendo sus contornos naturales, mientras el peso y la temperatura de la piedra hacen su trabajo.

Cómo funcionan

Cada rodillo tiene una piedra grande para las mejillas y la frente, y otra más pequeña para el contorno de los ojos y la línea de la mandíbula. Guárdalo en el frigorífico para intensificar la sensación de frescor o úsalo a temperatura ambiente. Deslízalo hacia fuera desde el centro del rostro: de la sien hacia el nacimiento del cabello, de la nariz a la oreja, y del mentón hacia la mandíbula. El movimiento debe ser suave y deliberado, sin ejercer demasiada presión. Usado después de la limpieza o con un aceite facial, la piedra se desliza con suavidad y el ritmo se vuelve meditativo.

Las piedras

El jade es la opción tradicional: frío y suave, apreciado durante siglos tanto en la ornamentación como en el cuidado facial. El cuarzo rosa tiene un tono más delicado, rosa pálido y translúcido. La obsidiana negra es un vidrio volcánico, denso y pulido hasta alcanzar un brillo intenso. La sodalita aporta un azul profundo con vetas blancas. Cada piedra se siente diferente bajo la mano, pero el gesto es el mismo: unos minutos de cuidado consciente, la piel fresca y calmada, y el rostro un poco más despierto.